Japón registra 5.373 quiebras

Japón registró 5.373 quiebras de empresas con deudas superiores a los 10 millones de yenes entre abril y septiembre de 2026, el primer semestre del año fiscal, según Teikoku Databank. Es la cifra más alta para ese periodo en 13 años y coincide con un récord de cierres de empresas centenarias, lo que ha reavivado el debate sobre una ola de quiebras en el país.

Quiebras al alza, pero lejos del máximo histórico

Las 5.373 quiebras superan las de los últimos años, aunque el país aún está lejos de sus peores registros. En el año fiscal 2002 se contabilizaron 18.587 quiebras y en 2008, con la crisis financiera, 16.146. La cifra cayó a 5.980 en 2021, el nivel más bajo en décadas, y repuntó a 10.505 en 2025, menos de la mitad que en 2002.

El dato actual refleja una recuperación desde un mínimo muy bajo, no un regreso a los niveles de crisis de principios de siglo. La comparación con el máximo histórico ayuda a dimensionar el fenómeno: el número crece, pero parte de una base reducida.

Empresas centenarias: 112 cierres hasta agosto

Teikoku Databank registró 112 quiebras de empresas con más de 100 años de historia entre enero y agosto de 2026. Si se mantiene el ritmo, el año cerrará con más de 160, por encima del récord de 146 de 2024. A finales de 2025 había unas 46.708 empresas centenarias en Japón, por lo que las 112 quiebras representan alrededor del 0,24 % del total.

Por sector, la manufactura concentra 34 de esos cierres, seguida del comercio mayorista con 24, el minorista con 22 y la construcción con 16. La mitad de las empresas quebradas tenía deudas inferiores a 100 millones de yenes y solo cuatro superaban los 1.000 millones; tres de ellas cayeron tras revelarse irregularidades contables o deudas ocultas. Los cierres afectan sobre todo a pequeños negocios y talleres, no a grandes corporaciones.

El lastre de los préstamos de la pandemia

El repunte de las quiebras está ligado a las políticas de financiación de la era covid. El Gobierno japonés puso en marcha préstamos sin intereses ni avales reales para que las pymes sobrevivieran a las paralizaciones. El efecto de emergencia fue claro, pero muchas empresas que ya eran inviables prolongaron su actividad unos años. Cuando los préstamos empezaron a vencer, esas empresas cayeron de forma concentrada.

Un fabricante de cajas de cartón citado como ejemplo pasó de facturar 2.600 millones de yenes a entre 700 y 800 millones. Se mantuvo con préstamos blandos y subvenciones, e incluso pidió dinero para renovar equipo, pero el negocio nunca se recuperó. En enero de 2026 sufrió su segunda crisis de liquidez y quebró unos cuatro meses después.

Cerrar no siempre significa perder el oficio

Tras la quiebra de esa fábrica de cajas, otra empresa firmó con el administrador concursal y asumió la maquinaria, la plantilla y la tecnología. La empresa desapareció, pero el oficio se mantuvo. La estadística de quiebras registra la salida de la persona jurídica, no necesariamente la desaparición de la capacidad productiva ni de los puestos de trabajo.

Las pymes japonesas afrontan desde hace años la falta de relevo generacional, el envejecimiento de los equipos y la caída de la demanda. La salida es parte de un ajuste estructural; la clave está en si los equipos, la tecnología y los trabajadores logran trasladarse a nuevos operadores.

Cómo interpretar el repunte

Equiparar el máximo de 13 años con un colapso económico ignora la base estadística y las diferencias estructurales. Pero reducirlo todo a una renovación normal oculta las secuelas de los préstamos pandémicos y la presión sobre las pymes. La lectura más prudente es que Japón atraviesa una ola de cierres de pequeñas empresas y negocios centenarios, con cifras que suben desde mínimos históricos y una presión real, pero aún lejos de los niveles de principios de siglo.

Queda por ver si las quiebras se estabilizan tras el pico de vencimientos de préstamos y si los equipos y trabajadores absorbidos por otras empresas permanecen realmente en la cadena productiva.

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