Japón supera los 9 billones
El Gobierno de Japón pondrá en marcha a finales de este mes una campaña de comunicación a escala nacional para explicar a la ciudadanía el aumento del gasto en defensa y la consiguiente subida de impuestos. La campaña estará coordinada directamente por el despacho del primer ministro y la secretaría del Consejo de Seguridad Nacional, según informó recientemente la agencia Kyodo.
Los canales elegidos abarcan las redes sociales más usadas por los jóvenes, la televisión que consume la población de mediana y avanzada edad, y vallas publicitarias en cruces y centros comerciales. El mensaje central gira en torno a la necesidad de cambiar la forma de operar de las fuerzas armadas: producir armamento no tripulado a gran escala y acumular munición para afrontar un conflicto prolongado, al tiempo que se prepara a la población para asumir una mayor carga económica.
Lo relevante no es la campaña en sí, sino que traslada a la plaza pública una lógica que antes quedaba en los documentos oficiales: ampliar el ejército cuesta dinero, ese dinero sale de los contribuyentes y el Gobierno ha decidido usar el dinero de los contribuyentes para convencerles de que sigan pagando.
Del «defensa exclusivamente defensiva» a la explicación directa
En el pasado, cuando el Gobierno japonés impulsaba un giro en su política de defensa, solía cuidar el lenguaje y preparar el terreno. La fórmula de la «defensa exclusivamente defensiva» mantenía al menos una apariencia. Ahora el mensaje no da rodeos: advierte de que el futuro puede ser inestable, de que hace falta prepararse para el largo plazo y allana el camino para subir impuestos y ampliar el gasto militar. El propio despacho de Kyodo señala que este estilo de propaganda recuerda a los métodos utilizados por Japón antes de la guerra. Que los medios japoneses lo vean así indica que la impresión no es una suspicacia externa.
Las cifras del presupuesto son más elocuentes que los eslóganes
Más revelador que el discurso es el dato fiscal. El presupuesto de defensa para el año fiscal 2026 supera los 9 billones de yenes, un máximo histórico, y alrededor del 60% se cubrirá con nueva deuda pública. Si la deuda no basta, entran en juego los impuestos: el impuesto sobre el tabaco, el impuesto de sociedades y el impuesto sobre la renta de las personas físicas figuran en la lista de subidas. Por cabeza, cada residente en Japón soportará unos 73.000 yenes anuales en gasto de defensa, alrededor de 6.000 yenes al mes. Para una familia media no es una cifra desdeñable, menos aún con la subida de precios y la presión sobre la renta real.
El desajuste entre el mensaje y la carga
La sutileza de esta campaña es que cumple dos tareas a la vez: explicar el cambio militar y preparar el terreno para la carga económica. Pero ambas cosas no significan lo mismo para el ciudadano de a pie. El armamento no tripulado y las reservas de munición son temas abstractos de seguridad nacional; la subida del impuesto del tabaco y del IRPF es una reducción visible en la nómina de cada mes. El Gobierno intenta que lo primero justifique lo segundo, pero aún no está claro si la población aceptará esa lógica. En las redes sociales ya circulan voces críticas que consideran discutible la prioridad de destinar grandes recursos a una preparación para el combate prolongado cuando la presión sobre el gasto social es considerable.
Puntos a seguir de cerca
Queda por ver el efecto real de la campaña y la resistencia que encontrará el paquete de subidas fiscales en el debate parlamentario. La expansión del presupuesto de defensa y el traslado de la carga fiscal acaban recayendo en personas concretas. Cuando el «conflicto prolongado» pase de los documentos oficiales al lenguaje cotidiano de las vallas publicitarias, el debate interno en la sociedad japonesa sobre seguridad y bienestar social podría ser más intenso de lo que el Gobierno prevé.
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